viernes, 11 de noviembre de 2011

Me despiden

A partir del día 1 de Agosto no podré atenderles más debido a los recortes presupuestarios en sanidad proyectados por el gobierno de la Generalitat. Según me han comentado en subdirección médica, el hospital de Bellvitge no tiene dinero para pagarme este verano. Ni a mí, ni a los otros 56 médicos eventuales que, como yo, serán despedidos. Inicialmente el plan es recontratarnos en septiembre u octubre, con contratos renovables de mes a mes, sin derecho a vacaciones y posiblemente con una rebaja del sueldo.

Estas opciones son casi una invitación a los médicos para que abandonemos la sanidad pública. Lo mismo está pasando desde hace mucho tiempo con enfermeras, auxiliares y demás sanitarios que han visto empeorar sus condiciones de trabajo en los últimos años.

Estos recortes, junto con los realizados previamente y el actual cierre de hospitales, contribuirán a aumentar las listas de espera tanto para consultas como para quirófanos y a reducir la calidad de la asistencia hasta el punto que, quien quiera tener acceso a la salud, sólo le quedará la opción de pagar un seguro privado. Además de los gastos de este seguro deberá contar con el hecho de que la aseguradora no tendrá la misma cobertura de salud que la sanidad pública.
Esto será un gran beneficio económico para las aseguradoras de salud, que posiblemente ya se están frotando las manos pensando en los millones de euros que ganarán aprovechando esta penosa situación. También será un gran beneficio para las arcas de los gobiernos que habrán de gastar menos dinero en salud. Es decir, la salud de las personas es una carga para las arcas de los gobiernos. Pero entonces, ¿por qué pagamos impuestos?

Resulta curioso que no haya dinero para pagar médicos pero que sí haya para pagar un parlamento europeo, otro nacional, un parlamento autonómico, diputaciones y alcaldías. (No sé si son necesarios tantos "jefes").

También hay dinero para pagar pensiones vitalicias, y de cantidades importantes, a diputados y senadores. Yo personalmente prefiero tener un cirujano y una anestesista contratados que un político en su casa felicitándose por las cosas buenas que hizo cuando estaba trabajando para levantar el país.
También hay dinero para mantener coches oficiales que evidentemente son coches de gama alta y para que nuestros eurodiputados viajen en primera clase porque se cansan si viajan en clase turista. Eso sin contar dietas, alojamientos y otros gastos.
Hay miles de millones de euros para rescatar a los bancos de la crisis pero sin que después se les pida que devuelvan el dinero que se les ha dejado, este préstamo es lo que nos deja sin dinero para la salud y para la educación. Pero claro, los políticos y los bancos siempre son muy amigos y la economía de libre mercado intocable. ¿No hay dinero? No me lo creo.

Señores pacientes. Luchen por su salud: porque se la están robando. Con la excusa de la crisis, han retirado el dinero a lo más necesario en beneficio de unos pocos. Nuestra sanidad, se está hundiendo y no es por falta de dinero sino por puros intereses económicos .. Quizás acabaremos como en Estados Unidos donde, quien no se lo puede permitir, no tiene derecho a la salud.

Luchen por su salud. Hagan reclamaciones, demandas judiciales, manifiéstense, asóciense, indígnense. Los sanitarios ya hemos luchado, ahora les toca a ustedes.

Quieren privatizar LA SANIDAD Y lo conseguirán si USTEDES NO LO IMPIDEN.


Carta de un médico catalán

lunes, 3 de octubre de 2011

Una larga espera

¿Qué por qué lo hice? Pues verá; yo me había citado a las siete y cuarto en la esquina de Venustiano Carranza y San Juan de Letrán, y hacía un frío de narices. No soy de esas mujeres absurdas que adoran el reloj, reverenciándolo como una deidad inalterable. Comprendo que el tiempo es elástico, y que cuando le dicen a una a las siete y cuarto, lo mismo da que sean las siete y media.

Tengo un criterio amplio para todas las cosas, siempre he sido una mujer muy tolerante; una liberal de la buena escuela, pero hay cosas que no se pueden aguantar por muy liberal que uno sea. Que yo sea puntual a las citas, no obliga a lo demás, sino hasta cierto punto; pero usted reconocerá conmigo que ese punto existe.

Ya le dije que hacía un frío espantoso. Y aquella puta esquina estaba abierta a los cuatro vientos.

Las siete y media, las ocho menos veinte, las ocho menos diez, las ocho. Es natural que se pregunte porque no lo dejé plantado. La cosa es muy sencilla; yo soy respetuosa de mi palabra, un poco chapada a la antigua si usted quiere, pero cuando digo una cosa, la cumplo.

Héctor me había citado a las siete y cuarto; las ocho y veinte. Las ocho y veinticinco, las ocho y media; y Héctor sin venir. Yo estaba positivamente helada: me dolían los pies, me dolían las manos, me dolía el pecho, me dolía el pelo, la verdad es que si hubiese llevado mi abrigo café, lo más probable es que no hubiera sucedido nada. Pero eso son las cosas del destino, y le aseguro que a las tres de la tarde, hora en que salí de casa, nadie podía suponer que se levantara aquel viento.

Las nueve menos veinticinco, las nueve menos veinte, las nueve menos cuarto. Transito amoratada.

Llegó a las nueve menos diez; tranquilo, sonriente y satisfecho con su grueso abrigo gris y sus guantes forrados; y me dice: ¡HOLA GUAPA! Así, sin más. No lo pude remediar: lo empujé bajo el tren que pasaba.

Crímenes ejemplares. Max Aub

viernes, 16 de septiembre de 2011

Convocar energías contra la corrupción

En esta España sin pulso, sin proyecto y con unos centros de poder carentes de toda autoridad moral y ética, vuelve a repetirse por enésima vez, la tragedia de nuestra historia: invertebración social, carencia de convicciones, valores y actitudes propias de la modernidad que supusieron la Ilustración y las Luces y junto a ello el secuestro mental con el pan y toros que hoy constituyen las zafiedades televisivas y el fútbol suministrado en dosis que ni siquiera el franquismo soñó. Y todo ello en beneficio de una casta dominante que ha actuado y sigue actuando en el país como lo hiciera cualquier ejército de ocupación.

A quien quiera encontrar un antecedente históricamente próximo, le bastará con leer los acontecimientos de aquella época llamada de la Restauración canovista. Corrupción, degradación de la política, caciquismo, falta de ideas, miedo a pensar y a afrontar las evidencias que la realidad de la calle arrojaba cotidianamente; y todo ello cubierto por un discurso oficial de patriotismo encanallado y lugares comunes mantenido permanentemente por los centros de poder y sus asalariados. Políticos constituidos en clase, medios de comunicación divulgadores de una cultura informativa "achusmada" cuando no "sobrecogedora", y una ciudadanía enganchada en sucedáneos de hedonismo y en la mayoría de los casos agobiada por la búsqueda del sustento de cada día.

La España de la Transición ha devenido en aquella otra que muñeran Cánovas y Sagasta. No podía ser otra cosa, una nueva Restauración Borbónica con los mismos actores, las mismas oligarquías, los mismos funcionamientos de los resortes del Estado y la misma e inveterada práctica de la cleptocracia. Pero la característica más ignominiosa y criminal está definida por las justificaciones basadas en que este estado de cosas es el precio a pagar por la modernidad y la democracia. El "nada se puede hacer" ha sido instalado en las mentes pastoreadas, alienadas y trabajadas por la subcultura ovejuna del sálvese quien pueda.

La sociedad española necesita un mensaje de regeneración, de aliento ético que convoque a una lucha cívica en nombre de la dignidad, la justicia y el derecho. Un mensaje transversal hecho de denuncias, alternativas muy concretas e inmediatas y capaz de galvanizar energías dormidas o en trance de dilución.

No es posible vivir con dignidad sin denunciar y acusar permanentemente a los de la trama Gürtel, a los de los EREs en Andalucía o a una María Teresa de Vega que insta a la abogacía del Estado para que deje en paz a Botín, acusado del crimen de estafar a la hacienda pública mediante la falsificación de datos y por cuyo delito se le pedía 170 años de cárcel; consiguió su objetivo. Los casos de corrupción, de venalidad, de justicia vendida, de saqueo de las arcas públicas son legión; constituyen una segunda naturaleza a la que nos empezamos a adaptar como algo natural.

Erraremos si seguimos pensando en alianzas postelectorales o en la difusión de un discurso que señalando los problemas no vaya a la raíz de los resortes ciudadanos que puedan posibilitar la fuerza organizada para resolverlos. Un mensaje que va más allá de los comicios y de las cábalas tácticas que ellos puedan posibilitar. España está escindida en dos bandos, uno bastante activo: ladrones, corruptos instalados en los tres Poderes del Estado, agiotistas, embaucadores, saqueadores de los recursos públicos y protagonistas reconocidos y sin sanción penal de escándalos y estafas sin cuento.

Hay que optar por el otro trascendiendo siglas, organizaciones y demás enseñas. Sin ética pública, sin democracia recuperada y sin espíritu cívico no conseguiremos nunca ni la Democracia, ni la República ni el Socialismo. La bandera de la regeneración con un programa adecuado, sin más compromisos y alianzas que no sean las de la sociedad civil, convocada y organizada para ello, es la única vía posible en esta hora. Todo un reto para quienes como nosotros siempre nos hemos crecido con ellos.

Julio Anguita

lunes, 1 de agosto de 2011

Agárrate a la vida

La línea entre el amor y el odio, entre la felicidad y la tristeza, y entre la vida y la muerte es tan fina como un sedal. Esta tarde, fui a la playa. Nada más llegar, comencé a caminar por la orilla de la suave arena gaditana. El agua casi cristalina; el sol brillando entre algunas nubes; pero el mar, hoy estaba nervioso y alborotado, con un gran oleaje. Yo caminaba y caminaba, quería llegar al final de Atlanterra. Mientras, yo veía a la gente reír y divertirse, jugar con sus hijos, pasear de la mano con su pareja, hacer fotografías a sus seres queridos. Yo sonreía, únicamente, viendo esos pequeños, y a la vez grandes, placeres de la vida. Hubo un momento que a una niña se le cayó su pelota en la orilla. El mar la expulsó hasta la arena, la niña la buscaba entre el agua, pero no la encontraba. Yo la cogí y se la entregué, la pequeña corrió feliz hacia su papá. Le miré, y me correspondió con una sonrisa. Me sentí a gusto conmigo mismo. Seguí caminando hasta ver el ocaso de aquella playa. Pasé unas rocas a los pies de un acantilado, y me encontré con una familia con la que intercambié unas divertidas palabras. Allí, estuve unos minutos viendo el atardecer y contemplando la tranquilad de los bañistas, ello me hacía feliz.
Decidí que era hora de volver a casa. Me puse en marcha. A lo lejos, divisé un gran grupo de personas. Todos rodeaban algo que les causaba curiosidad y preocupación, presagié lo peor. Al llegar, vi a un hombre tumbado sobre una tabla de surf en la arena, tres o cuatro personas se turnaban mientras le realizaban un masaje cardiovascular, el rostro de los allí presentes me transmitía miedo y desesperanza, me puse a media distancia y esperé. Los servicios de emergencia no venían, el hombre seguía postrado en la tabla mientras el desaliento de toda la gente estaba latente.
Creo que nunca olvidaré lo que pasó aquella tarde de agosto en aquella playa gaditana. La ambulancia por fin llegó, se podía ver a lo lejos. Niños y mayores salieron corriendo para avisar a los servicios de emergencia dónde se encontraba el bañista. Ver como colaboraban con el equipo de auxilio, llevándoles la botella de oxígeno, el desfibrilador y diferentes materiales sanitarios, me hizo sentir la unión que existe entre las personas cuando uno de nosotros lo necesita. Mientras el médico y los enfermeros intentaban reanimar a aquel hombre, yo lo miraba y pensaba con la esperanza de que me oyese: “Agárrate a la vida”, lo repetía una y otra vez, pero él nunca me oyó. Vi al médico negar con su cabeza la vida de aquel hombre, todos se apartaron, vi su rostro pálido y manchado de sangre. Su hija se derrumbó ante él abrazándole y besándole. No había caricias ni palabras que la pudieran consolar. Aquel llanto, siempre vivirá en mí.
Domingo Campos Migueles

lunes, 18 de julio de 2011

Toda la cutrez del mundo

La nueva presidenta de Castilla-La Mancha, María Dolores de Cospedal, asistió así a la fiesta del Corpus Christi en Toledo. Toda una declaración de intenciones de conservadurismo.

No se trata de una foto coloreada de los años cincuenta del pasado siglo, no. Tampoco esas señoras de luto son nuestras abuelas. La instantánea se obtuvo el 23 de junio en Toledo, capital de Castilla-La Mancha, con motivo de la festividad del Corpus Christi, que ya es en sí misma una celebración extraña. La religión abomina por un lado del cuerpo y por otro lo ensalza de unas maneras francamente paganas. A lo que íbamos: que esas señoras con sonrisa de cartón piedra (si se exceden, se les agrieta el yeso) no son nuestras abuelas. De hecho, la del primer plano es María Dolores de Cospedal, número dos del PP y presidenta electa de la comunidad autónoma mencionada más arriba. Por oscuras razones, decidió estrenarse en el cargo con una peineta que parece un andamio, un velo negro en el que se resume toda la España negra y un collar de perlas Majórica (si enseña tanto las muelas, es para demostrar que no está hecho con sus dientes de marfil). Por si fuera poco, mientras el Cuerpo de Cristo salía de la iglesia, una banda de nuestro glorioso Ejército tocaba el himno nacional. Como pueden suponer, en el festejo había también un obispo y numerosas sotanas. Por uniformes, que no sea. ¡Vaya mezcla! Toda la vida intentado separar la fe de la ciencia, la superstición de la sabiduría, el poder religioso del político y la música militar de la música a secas, cuando llega la Cospedal y de un solo golpe acaba con los 30 años de relativa ilustración apenas conquistados desde la muerte del Caudillo. Toda la cutrez del mundo resumida en una imagen.

Juan José Millás